A través de los programas heredados, diseñados por nosotros para trascenderlos, no para asentarnos en ellos.
Cuando reconoces a la divinidad en ti, sucede la magia. Por encima de esos programas hay un dios en ti, y ahora eres tú quien los utiliza a tu favor —nunca desde la necesidad—. El sentido que le das a cada ser y a cada cosa es lo que aportará a tu vida, convirtiéndote de una piedra en un diamante.